La famosa escena: Oliver pide más comida — y es castigado severamente.
Huyendo de ese infierno, Oliver llega a Londres, donde se encuentra con otra cara de la miseria: el crimen organizado que utiliza niños. Allí conoce a Fagin, un hombre que dirige una banda de pequeños ladrones. También al carismático Artful Dodger, un chico ingenioso que roba con gracia, pero que en el fondo es víctima del abandono. Estos niños no roban por maldad, sino porque es la única forma de sobrevivir. Dickens deja claro que la sociedad primero los abandona y luego los castiga por las consecuencias de ese abandono.
Por suerte, Oliver también encuentra bondad. Es acogido por el señor Brownlow, un hombre amable que representa la figura paterna que nunca tuvo, y por Rose Maylie, símbolo de ternura y esperanza. A través de ellos, Dickens muestra que una sociedad más humana y justa es posible, que no todos están condenados a la crueldad.
Uno de los momentos más trágicos es el de Nancy, una joven del mundo criminal que, a pesar de su entorno, conserva una fuerte conciencia moral. Ella intenta salvar a Oliver, arriesgando su vida para que no caiga definitivamente en manos de delincuentes. Su acto de valentía le cuesta la vida, asesinada brutalmente por Bill Sikes. Para los lectores victorianos fue una escena impactante: una mujer pobre y marginal mostrada como profundamente humana y buena.
Más adelante se revela que Oliver no nació en la miseria por naturaleza. En realidad, provenía de una familia respetable y fue despojado de su herencia. Con esto, Dickens desmonta una idea muy común de la época: que los pobres lo eran por maldad o inferioridad moral. Al contrario, muestra que es el entorno cruel el que empuja a muchos hacia la delincuencia.
A lo largo de la novela se repiten grandes temas: la infancia como víctima de un sistema injusto, la criminalización de la pobreza, la lucha entre el bien y el mal sin relación con la clase social, y la hipocresía de instituciones que decían ayudar pero en realidad castigaban.
Aunque Oliver Twist no cambió las leyes de un día para otro, sí sacudió la conciencia pública. La gente empezó a hablar de los abusos en los orfanatos y workhouses. Con el tiempo, se impulsaron inspecciones estatales, mejoras en las condiciones de los niños pobres, leyes que limitaron el trabajo infantil y reformas educativas que hicieron la escuela obligatoria. Dickens logró algo poderoso: hizo visible un sufrimiento que muchos preferían ignorar.
La historia también dejó una enorme huella cultural. El musical Oliver!, estrenado en 1960, fue un éxito mundial, ganó premios Tony y su versión cinematográfica obtuvo el Oscar a Mejor Película en 1968, con canciones inolvidables como Food, Glorious Food. La novela ha sido adaptada más de veinte veces al cine y la televisión, e incluso Disney creó una versión animada con perros, Oliver & Company.